Café Rampante

Sari Carri en vivo

Sari Carri en vivo

Entre cobre, lates y moca que sabemos nos encanta, en una reseña comercial diría que recomienda ampliamente Café Rampante. Aquí, mejor, te lo cuento desde lo que me hizo sentir llegar cansado, con 32 °C pegándome en la nuca.

No puedes evitar relacionar el japandi que abraza a la estética contemporánea. Los techos altos invitan a toda la luz natural posible, y así los pufs y repisas proyectan sombras que le dan profundidad a cada rincón. Si todo está bien, está rico y cómodo. Sari Carri terminó de crear el aura correcta. Todo fue al ton y son de peineta de oro.

    Me senté sin mucha expectativa, más por refugio que por antojo, pero bastaron dos sorbos para que el cuerpo bajara la guardia. El café —de esos que no necesitan explicación mamadora— entra suave, pero se queda. Y eso se agradece.

    La música en vivo no interrumpe, acompaña. Sari no llega a imponerse, llega a envolver. Es de esos sets que no te obligan a poner atención, pero cuando te das cuenta, ya estás ahí, medio perdido, medio presente. Como si el lugar y el sonido se hubieran puesto de acuerdo para bajarte dos rayitas.

    Y eso es justo lo que encontré: un espacio que no intenta impresionarte, pero lo logra. Sin ruido, sin prisa, sin ese afán de ser “instagrameable” a huevo. Solo un lugar donde todo embona.

    Salí distinto a como entré. Menos acalorado, menos cansado… y con ganas de volver, pero ahora sin prisa.

    • Rodrigo Ulloa Díaz