Alguien lo tenía que decir

y fue BTS

y fue BTS

Esta semana está algo ajetreada para la industria de la música. El bombazo vino directamente de Corea del Sur para el mundo.

Sabemos y es más que evidente que el país asíatico está en la punta de la relevancia de este negocio. El k-pop se ha filtrado a nuestras vidas como la humedad, y ya sin darnos cuenta protagonizan comerciales, encabezan listas de más escuchas, abordan los trends en TIktok y hasta sus coreografías terminan siendo las favoritas para cualquier cosa que involucre al baile.

Si nosotros como consumidores lo vemos, imagínate aquellos que manejan el bisne.

Esto ya lo hemos visto antes. Géneros musicales que florecen desde un país que no es E.U y comienzan a estar en los top globales, protagonizar premios y crear comunidades enteras. 

Parece que es algo que históricamente no le gusta a la nación más poderosa del mundo. Los mismos que creen tener centralizada la industria. Y de alguna forma así es, si bien Estados Unidos no es la cuna del talento musical como se le conoce a República Dominicana, Inglaterra o Puerto Rico, si que hicieron que fuera más que asequible. Su capitalización absoluta.

Ahora que la presencia de idols como Jennie, RM, Rosé, Bang Chan, entre otros, es prácticamente inevitable. Puede que esto comience a ser un temita para las grandes voces gringas del momento… guiño guiño.

Lo vimos en la creación de los Latin Grammys. Una categoría que muchos artistas latinoamericanos han descrito como innecesaria o insultante. Sus motivos tendrán para esas aclaraciones, pero los hechos nos hablan de mecánicas que seccionan el criterio para la entrega de estos galardones, facilitando la posición en top globales de los artistas de siempre… guiño guiño.

Pues en esta ocasión no se quedaron atrás con exactamente la misma estrategia, pero para Asia. 

Mismo patrón, misma polémica. y esto nos los hicieron ver RM, Jin, Suga, J-Hope, Jimin, V y Jungkook hablando abiertamente de cómo no participarán en las emisiones de Grammys 2027 con el manifiesto de que la música debe ser “escuchada y amada como música en sí misma, en lugar de ser dividida por región o idioma”.

Mensaje directo y que vuelve a abrir el debate de cómo se está llevando a cabo el manejo  de la música como negocio mediante prácticas que polarizan la audiencia. Todo lo contrario a lo que muchas de las líricas de estos jóvenes idols exhortan; unión, fraternidad y amor.

  • Rodrigo Ulloa Díaz

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